UNA HORQUILLA DE AMY WINEHOUSE
(Cómo rehabilitarse con un secador de pelo)

Es increible lo que uno puede encontrar por Internet. Hoy, sin ir más lejos, he visto la subasta de una horquilla de Amy Winehouse. Se le cayó en un concierto y uno de los de seguridad la cogió, se la dio a su esposa, que se la dió a su hermana, que pensó en venderla por Internet. Con lo que sacara, compraría una tumbona para el porche. Y eso lo sé porque ella misma me lo contó cuando respondí a la oferta. Amy Winehouse está pasada de moda, y por eso es dificil encontrar comprador. La verdad es que no tenía nada mejor que hacer y después de pensar un rato llegué a una conclusión: decir que Amy Winehouse es una drogadicta es un prejuicio. Ya sé que no es un pensamiento demasiado elaborado pero tengo más: en realidad, su verdadera definición es indiscutiblemente terapeutica. No, no es cierto que sólo baste un cardado para hacerse con el mundo, pero una adicción tampoco ayuda mucho más. Estamos tan acostumbrados al marketing escandaloso que un nuevo ingreso en la clínica Betty Ford se desayuna como una tostada fría. ¿Lo peor? No darse cuenta de que ese espectáculo es la verdadera catarsis, la liberación del espectador a través del miedo que surge de la escena. Por eso quería la horquilla de Amy Winehouse. La conseguí por 20$, y ahora la guardo con las plantillas del difunto Kurt Corbain.
Buena compra, cómo te envidio, si yo la tuviera la estaría lamiendo a cada rato.
Millana
Mayo 12, 2008 a 10:03 am
Desde luego… seguro que es alucinógena…
Manu
Mayo 15, 2008 a 2:41 pm